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Una historia de pueblo chico (cuento) noviembre 27, 2007

Posted by elpistolero in cuentos.
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Nuestro equipo andaba mal. Estaba por finalizar el primer campeonato del año y no pasábamos del sexto puesto entre diez competidores. Los primeros fríos se hacían sentir en el pueblo, lo que marcaba un invierno probablemente tan crudo como el anterior  y el receso de dos meses para arrancar el nuevo campeonato. Los ganadores de ambos jugaban la final en diciembre, y el vencedor  clasificaba al Regional “B”. Nosotros nunca lo habíamos logrado.

Sportivo Las Tejas, mi equipo, se había formado veinte años atrás, cuando nuestros padres eran jóvenes. La idea era juntarse con amigos, jugar a las cartas, tomarse unos vinos, comer un rico asado y jugar al futbol. Nada más. El tiempo fue transcurriendo y parte de aquella idea original aún perduraba en nosotros, los hijos de los fundadores. Pero también era cierto que jamás habíamos conseguido un título local. Era una condena implícita. El club le daba prioridad a otras cosas, aunque lo más importante y lo que más gente traía era el fútbol.

Una tarde de junio nos juntamos en el buffet. Serían las 6 de la tarde pero parecía medianoche. Tito, el capitán, quería comunicarnos la decisión que había tomado. Y cuando él hablaba se hacía respetar, no solo porque siempre fue un tipo cabal, sino que además era el hijo del presidente.

“Muchachos, me cansé de jugar por nada. Me cansé que en los otros pueblos  me carguen porque nunca llegamos a ninguna parte. Estoy podrido que nos llamen agua tibia porque no le hacemos mal a nadie. Esto ya lo hablé con mi padre, y aunque no estuvo de acuerdo, le dije que lo haría igual. Los viejos quieren reunirse en asamblea extraordinaria para tratar el tema, pero a mi no me importa. A partir del campeonato que viene vamos a traer refuerzos, por más que no tengan familiares en el club, aunque el estatuto diga que solo podrán ser jugadores del primer equipo los socios que a su vez son parientes de los fundadores. Si están de acuerdo bien, sino, el Municipal de Araucaria se está armando y le faltan jugadores. A partir de ahora juegan los mejores. Se entiende”.

Lo que sucedió a las palabras del capitán fue un silencio solo molestado por el viento que soplaba desde afuera y se colaba por la hendija de la puerta . Nadie levantó la mano, por lo que quedó aprobada la decisión. De hecho yo estaba de acuerdo, también me rompía las bolas cada vez que viajaba con el reparto y me cargaban los de otros pueblos.

“A partir del martes que viene empiezan las pruebas, el que conoce a alguien lo trae. Vamos a entrenar  tres veces por semana y algunos sábados a la mañana también. Ah!, me olvidaba, Don Julio no va ser más el técnico. Está grande y además no va a estar de acuerdo con los cambios. Al equipo lo voy a dirigir yo, si veo que hay alguien que está mejor doy las hurras, si no hay nadie, juego también. Alguna pregunta?”.

A esa altura todos estábamos tan sorprendidos que nadie atinó a nada. Tito saludó y se fue. Nosotros nos miramos en silencio buscando alguna seña, alguna sonrisa, hasta que el “pulga” se levantó y dijo:”Cagamos,ahora vamos a tener que laburar en serio”, la carcajada fue general, no solo porque descomprimió el ambiente sino porque él nunca había hecho nada. Después del secundario se metió en la Universidad de ingeniería, y en tres años solo había metido 5 materias. Un vago, pero gran jugador.

Las pruebas arrancaron con pocas novedades. A los muchachos del pueblo los conocíamos y salvo “El tero”, “Milonga” y  “el Ruso Turovich” , que eran buenos y tenían chances de ingresar, los demás eran más de lo mismo. Es decir, tenían menos o igual nivel que nosotros pero la ventaja era la experiencia en este tipo de competencia. Y eso era fundamental.

El 15 de agosto comenzaba el “Finalización” y cuando quedaba una semana para el debut ante Estrella de Salto Alto, apareció Don Julio con un muchacho alto, desgarbado, de pelo negro y corto, algo tímido porque casi no quitaba la vista del suelo. El viejo se acercó a Tito, le dijo algo al oído,le presentó  al  flaco que llevaba ropa deportiva, se saludaron con la mano, le hizo una seña y se puso a trotar con el resto. La verdad que lo que menos pinta tenía era de jugador de futbol. A la hora del picado, se armaron dos equipos, el supuesto titular y el resto, donde estaba el nuevo. “Se llama Ricardo”, gritó el Dt, pero a partir de ese día lo bautizamos “rifle”. Lo que jugó en esa primera práctica se sigue comentando hasta hoy. Se paró abierto a la izquierda, como un volante adelantado. En la primera que tocó, se la dio al 5 y fue a buscar la descarga, la recibió y fue imparable. Rápido, gambeteador y con una potencia demoledora. Esa tarde hizo 4 goles. Cacho, que era el titular, perdió el puesto para siempre y se enojó tanto que no volvió más al club. Y era comprensible, a cualquiera le dolería que su propio hermano lo saque.Pero de dónde había salido este tipo nos preguntábamos todos. El hablaba poco, casi con monosílabos, se cambiaba apartado de los demás y se duchaba último, cuando los demás nos estábamos por ir. Era raro, siempre solo, con su bolso azul gastado y los botines sin encerar.

Esa tarde nos cruzamos con Don Julio y le preguntamos de donde lo había sacado. Sobre todo él, que estaba tan en contra de la decisión de traer “extranjeros”. El viejo, con su simpleza habitual nos dijo que para él lo más importante era el equipo, la camiseta azul y blanca a rayas verticales, y que había que saber cuando los tiempos cambiaban. “Lo ví jugando en el barrio nuevo, ese que está atrás de la estación. Vino de Santiago del Estero a trabajar en el ferrocarril. Pobre, no tiene un peso. Le arreglé que después de cada práctica le preparen un paquete con comida. Pero vieron como juega,no?”. Y tenía razón. Porque en el primer partido hizo los 3 goles del equipo y fue fundamental en la victoria.

Lo que siguió después fue el campeonato que aún hoy sigue en la historia del pueblo. 18 partidos jugados, 15 triunfos y 3 empates. 53 goles a favor y 22 en contra. Campeones invictos y clasificados a la gran final por el pase al regional. “Rifle” hizo 32 goles, récord todavía no quebrado y un pueblo que llenaba cualquier cancha, y que como nunca se sentía identificado con el equipo. Tito solo dirigía, aunque “Pelusa”,su reemplazante era inferior a él como primer central,  prefirió dedicarse en exclusiva a trabajar con nosotros. El santiagueño seguía igual. Apartado de los demás, aunque siempre lo quisimos integrar. Buscando su premio en el buffet y yéndose muchas veces por la puerta de atrás. Escapándole al cariño de la gente, a los autógrafos, a las fotos y a las chicas que lo veían como un objeto sexual.  De día trabajaba en la ampliación de las vías y a la tarde practicaba. Así siempre, extenuado, rutinario, con la espalda vencida de tanto cavar.

La final se iba a jugar en la cancha de Newells. El entrenador le pidió al jefe de la obra que le diera 15 dias de licencia y éste, como era hincha del equipo, le dijo que además le daría doble ración de almuerzo porque lo veía muy delgado. San Lorenzo de Tostado tenía buen equipo. Habían ganado varias finales y tenían experiencia. Además entre los titulares tenían  varios jugadores que fueron profesionales y que cobraban buen dinero por ganar estos torneos rurales . Las dos veces que jugamos durante la temporada empatamos 0 a 0.

La semana de entrenamientos fue anormal. A todos nos habían liberado de nuestros trabajos. En ningún comercio nos querían cobrar lo que comprábamos. Yo todavía vivía con mis viejos, y todas las tardes cuando mamá regresaba del frigorífico traía dos bolsas llenas de los mejores cortes de novillito. A papá le cargaban nafta gratis en la camioneta. El pueblo estaba conmocionado. Era tanta la emoción que se vivía, que Pascual Amado, el Presidente del club, decidió que nos concentremos en un hotel de Rosario para que podamos descansar tranquilos. Todos los vecinos pusieron dinero para pagar el alojamiento, nos íbamos el sábado a la tarde en micro después de la merienda. Salíamos de la puerta del club.

Serían las 5 de una tarde tórrida, no había una gota de viento, los árboles apenas podían hacer sombra. La gente se había volcado al Boulevard para despedirnos con banderas, trompetas y tambores. Mi viejo me acompañó caminando las dos cuadras que separaban mi casa de la sede. Cuando llegamos vimos a todos los jugadores saludando a sus familias y amigos. Estaban todos. Menos “El rifle”. Cuando quise preguntar que había pasado, el técnico me palmeó la espalda y me dijo que me quedara tranquilo, que él iba derecho. Algo no andaba bien.

Llegamos al Hotel Riviera cerca de las nueve, repartieron las habitaciones dobles y Tito nos pidió que bajáramos rápido para cenar y tener la charla técnica, se lo veía raro, nervioso, algo impensado en él. A los 10 minutos estábamos comiendo en el restaurant con entrada, pastas, agua y postre. Un rato después, le pidió a los mozos que se retiraran, cerró la puerta y arrancó el monólogo:” Muchachos…les quiero avisar que Ricardo tuvo un problema…un problema grave…es difícil que pueda estar mañana”, alguien lo quiso interrumpir con una pregunta y enseguida lo paró,”No les puedo contar muchos detalles, solo les digo que se queden tranquilos, estamos haciendo todo lo posible para que pueda jugar el partido, no depende solo de nosotros, ahora el que tiene la respuesta es el Comisario González. Mañana despiértense a la hora que quieran, pero el almuerzo es 11.30 y a la una sale el micro. No hagan boludeces esta noche, el que quiere sale y vuelve antes de las doce, sin chupi…eh!!, se entendió?”. Todos quedamos callados como en aquella tarde de invierno cuando nos enterámos que íbamos a jugar el torneo profesionalmente. Nadie salió y nadie pudo dormir bien aquella noche previa a la final. La más importante de nuestras vidas.

El micro hacia el estadio salió puntual. No se escuchaban gritos, ni cantos. Tampoco había hinchas en la puerta. El camino fue corto, no más de 15 minutos. Llegamos al vestuario local, nos acomodamos, siempre en silencio y comenzamos a cambiarnos casi sin mirarnos a la cara. Parecía un velorio. El entrenador tomó una tiza y comenzó a dibujar las posiciones  en el pizarrón, iba por los defensores cuando apareció Don Julio, saludó a todos y le pidió a Tito que saliera un minuto. Al rato volvieron a entrar los dos, más un policía y Ricardo. No lo podíamos creer, gritamos, saltamos y fuimos enseguida a abrazarlo. Pero él no podía hacer lo mismo con nosotros. Estaba con las manos esposadas y con su gesto habitual, mirando el suelo sin decir una palabra. Un segundo después entró el Comisario, se sacó la gorra y le preguntó en voz alta:”Hablo yo o les decís vos?”, Ricardo permaneció en silencio, inmóvil, solo sus rodillas parecían estar con vida. González siguió:”Entonces se los digo yo…si estoy acá es porque soy hincha del Sportivo y quiero que salgan campeones porque de lo contrario me verían sin uniforme y alentando en la tribuna. Pero acá les traigo un estafador, un mentiroso, un delincuente…pero que es un gran jugador y es importante para el equipo. Esta persona no solo estafó a la gente de allá de Santiago y se tuvo que escapar de la policía para no ir a la cárcel, a nosotros nos hizo algo peor…nos mintió y como a mi los colores me tiran se los traje acá para que decidan que hacer. Si quieren que juegue, lo suelto y después del partido me lo llevo a la comisaría, sino, le digo a uno de los oficiales que lo mande ya mismo adentro. Total, a más tardar mañana lo trasladan. Está bien muchachos?”, nadie entendía nada. “Está bien Ramona?”, preguntó mirando al ”Rifle”.

Ricardo era Ramona Rosales, una asaltante de poca monta que robó dos años atrás en el edificio del correo de Santiago del Estero y que se escapó haciéndose pasar por hombre. Anduvo en varios pueblos hasta que apareció en Las Tejas. La policía de allá fue siguiendo el rastro porque sabían que era una apasionada por el futbol y que ya se había destacado en su provincia jugando contra hombres. Estaban seguros que en algún momento iban a saber de ella por ese vicio, y cuando se enteraron que había un jugador de sus características en la liga rural, se vinieron para agarrarlo.

¿Qué pasó esa tarde?. “El rifle” la rompió. Hizo los 2 goles del triunfo y lo vimos festejar y sonreír por primera vez. Fue el goleador más importante que tuvo la historia del torneo. Por supuesto que después nos quisieron sacar el título, pero Don Julio apeló la medida y demostró que en el reglamento no había ningún artículo que hablara de equipo formado exclusivamente por hombres. Y  lo tuvieron que aceptar. Fue nuestro único campeonato ganado, porque en el regional quedamos eliminados enseguida. Años más tarde, cuando todos nos habíamos retirado, la historia de aquel título se seguía repitiendo en cada bar, en cada esquina, en cada pueblo, y cada vez más exagerada, con finales diferentes, con situaciones distintas.

De ella, me cuesta tratarla como mujer, solo supimos que estuvo dos años presa y que cuando salió armó una escuelita de futbol mixto en Añatuya. Pero nosotros siempre lo recordaremos como “El rifle”, ese implacable definidor que quedó en la historia grande del pueblo con la 11 en la espalda. Su cara permanece jóven posando con los demás el dia de la final, en la foto que adorna el comedor del club.

         

Comentarios»

1. javier de mar del plata - noviembre 28, 2007

el descenlace es parecido a un cuento de fontanarrosa, si no me equivoco.
la verdad muy bueno…
saludos desde mdq


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