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Sueños Truncos (cuento) septiembre 15, 2007

Posted by elpistolero in cuentos.
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De pequeño tenía un sueño, ser jugador de futbol. Pasaba horas frente al televisor mirando a sus ídolos e imitando gambetas en el aire. Su padre lo llevaba a la cancha domingo de por medio, cuando su trabajo se lo permitía. Allí gritaba, sufría y ensayaba sus primeras puteadas a los árbitros. Jugaba en el barrio, en la plaza con los pibes después del colegio. Ya le habían dicho que debía terminar la primaria y hacer el secundario, que si tenía buenas notas lo iban a dejar hacer la prueba para entrar en algún club.

Y él cumplió. A los trece años se fue al entrenamiento del club de sus amores, San Telmo. La mochila con ropa y temores fueron los únicos testigos de esa primera práctica en cancha de once. Le gustaba jugar adelante, sin puesto fijo, era zurdo, algo bajo para su edad, pero se las rebuscaba. Arrancó de wing esa tarde de verano y con el correr de los dias el técnico lo fue retrasando, primero como volante y a principios de marzo como tres. Lo ficharon allí, de lateral izquierdo de la novena.

Los años pasaron tan rápido como ese bachillerato incompleto en tercero. El reparto de la fábrica de galletitas y la rutina de ir a entrenar cuatro veces por semana culminaban con el partido de los sábados. El físico cuidado, fibroso, despejado de vicios lo ayudaron a pasar de categoría sin lesiones, con buenos partidos y varios goles, algunos inolvidables, como aquel a Lamadrid que le dio el pase a las finales de la cuarta, entrando por el segundo palo y tirandose de palomita a pesar de su escaso metro setenta.

Unos dias antes de cumplir dieciocho tuvo una gran noticia. Un club de primera, de los grandes, se había interesado en él. Era un dia de gloria, se sentía feliz. No había debutado en su equipo y ya lo habían marcado. No era mucho dinero pero importaba poco. Solo deseaba estar allí, con las figuras, ganarse un lugar, como lo hubiera querido su viejo. Lo vendieron.

Después de varios entrenamientos con el primer equipo se lo notaba distendido, maduro, sobrio con el balón, hasta daba indicaciones pidiendo relevo cuando subía al ataque. El técnico lo llamó aparte y le dijo las esperanzas que había puesto en su contratación. Le dio confianza y lo confirmó como titular para el debut ante Lanús.

La noche anterior, en la cama de la concentración, recordó sus sueños de pibe, su televisor, los botines depedazados, la camiseta de la selección con el diez de cuerina a medio surcir, la sonrisa desdentada del padre, las lágrimas de la vieja cuando cambió libros por pelotas. Estaba a horas de hacer realidad lo que había anhelado desde que tenía uso de razón. Y se durmió contento, como cuando era chico.

Subió al túnel. Entró a la cancha. Las tribunas repletas gritaban enloquecidas. Sus manos sudaban, las rodillas no dejaban de moverse. El gran capitán se le acercó, lo rodeó con el brazo sobre el hombro y le dio tranquilidad. Jugó y lo hizo en forma aceptable, cumplió y ver un 6 en la calificación del diario del lunes lo dejó tranquilo.

Con el correr de los encuentros ganó la titularidad, y a lo largo del torneo se fue afianzando. El periodismo lo señalaba como un jugador con futuro europeo, y algunos hasta exageraban pidiéndolo para la selección marcando la escasez de laterales izquierdos en el país.

Faltando una fecha para terminar el campeonato, su equipo, que había clasificado a la Copa Libertadores, visitaba a Ferro que no jugaba por nada. Irían 20 minutos del segundo tiempo, el partido no se movía del cero. Fue a trabar una pelota con el delantero local, y sintió un escalofrío inmenso en su pierna derecha. Fractura de tibia y peroné fue el diagnostico.

Tardó un año en volver, y cuando lo hizo, su puesto ya lo ocupaba otro. Tendría que esperar su turno sentado en el banco de los suplentes. Pasaron los dias y la hora del regreso se alejaba. El técnico que lo hizo debutar ya no estaba y al actual no lo convencía su forma de moverse en el campo. Lo dejaron libre. Se paseó por varios equipos del ascenso y después jugó en ligas del interior. Pero no fue el mismo. Todos lo olvidaron. Sus compañeros, los reporteros, los hinchas. Ni siquiera se le acercaron los dirigentes del club de su barrio.

Hoy recuerda sus sueños truncos mirando el futbol por televisión en el mismo bar donde me emborracho yo cada noche que necesito olvidar. En el bar frente a la estación.

Comentarios»

1. daniela M. - septiembre 15, 2007

Emi!!
es re lindo el cuentooo!!!
Me encantan todos tus cuentos…
Tendrias que publicarlos:)
Ahora me lo voy a imprimir jejejeje🙂
Un beso….
Suerte!!!!

Daniela M.

2. Alejandra - septiembre 16, 2007

Hello..muy bueno realmente..
Me parecio muy interesante…son cosas que pueden suceder realmente al ver q uno tiene un sueño y por ciertas circunstancias todo se viene abajo..seguir adelante es lo mejor..

Segui asi..Todos tus cuentos son excelentes..

Saludos

3. javier de mar del plata - septiembre 18, 2007

me gusto mucho… tal vez por lo extenso… o tal vez por el sueño de todo niño q alguna vez tuvimos de poder llegar a ser grandes futbolistas!

TODOS TUS CUANTOS SON PUBLICADOS EN EL FLOG!

PARA INTERESADOS

http://www.fotolog.com/emilianopinson
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