Historias de New York (cuarta parte) Agosto 4, 2007
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La estatua
Como todo turista, le pedí a mi amigo Matías, que me lleve hacia la Estatua de la Libertad. Sin muchas ganas, él me respondió en buen criollo:”Es una cagada”. Mi insistencia hizo que me dijera el camino que debía tomar, pero que prefería que yo mismo la viera. Me aconsejó que no tomara el ferry que me lleva hacia la pequeña isla, ya que por una cuestión de seguridad no se puede visitar ni mucho menos subir por su interior.
Fuí. Tomé el subte, me bajé cerca de Wall Street y caminé hacia Battery Place, un parque donde hay largavistas fijos, a dos dólares para verla. Como no tenía monedas, solo funciona con ellas, la ví en vivo y en directo, con mis propios ojos. Le saqué fotos con la cámara digital. Le coloqué el zoom al máximo. Y se veía muy lejos.
Al reencontrarme horas después con Matías, le pedí que me dijera de donde se puede ver mejor:”Cuando vayamos a Brooklyn vas a tener una vista diferente”. Me tranquilicé y esperé un dia más.
Cruzar el famoso puente merece otra historia, así que una vez en Long Island (la isla donde se encuentran Brooklyn y Queens), paseamos juntos por el mirador. Manhattan se ve imponente, con la fachada de edificios en el frente y con la cicatriz de las Torres Gemelas que todavía duelen. Más alejada, sobre la izquierda, estaba la estatua. El símbolo del sueño americano por excelencia. Volví a fotografiarla. Sola, con aumento, sin él, conmigo adelante, de costado, haciendo poses, pero fue imposible. Se seguía viendo lejos.
Al volver en el subte, horas después, llegué a una pequeña conclusión. Prefiero comprar réplicas en miniatura para llevar de recuerdo a mi familia, porque la verdad…es una cagada. Pero valía la pena hacer el intento por verla.
Historias de New York (tercera parte) Agosto 4, 2007
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El subte
Hay muchas maneras de conocer la ciudad. Por supuesto que la mejor es caminando, pero viajar en subte tiene un encanto particular.
Yo estaba en Queens, a 20 minutos de Manhattan. Algo así como Ramos Mejía, aunque algo más refinado. El tren en esa zona va por arriba de las calles y antes de cruzar el Río Hudson baja. La primera impresión es agradable, tiene aire acondicionado, y funciona bien. La segunda es que está limpio, y la tercera, es que casi no escuchás hablar inglés.
Yo sabía que los hispanos habían copado esa zona, pero no imaginé que fueran tantos. Claro que hindúes y asiáticos completaban los vagones también. Pero el escuchar español hace que uno no se sienta tan lejos.
Eso sí, hay que cuidarse. Los argentinos somos de hablar fuerte y casi siempre nos burlamos de alguien o puteamos, ahí te entienden, y no vaya a ser cosa que te agarré alguno y pasés un mal rato.
Otra cosa que me sorprendió, no se olviden que vivo en Argentina, es que uno puede sacar el boleto en una máquina, pagar con billetes o tarjeta de crédito, y obtenés un boleto diario, semanal o mensual, por supuesto que todo funciona. Si dejaste efectivo te dá vuelto, y si colocaste el plástico, tenés el recibo de inmediato. Además, cuando es invierno, uno puede quedarse bajo techo antes de subir al andén, y una chicharra te avisa que viene el tren. Díganle primer mundo, yo lo llamaría servicio común…en un país normal.
De todas formas, uno extraña el Ferrocarril Sarmiento, ese que te lleva del centro al oeste. No tiene vidrios, mucho menos calefacción, y los ventiladores en verano no funcionan. Es muy probable que te roben la billetera y que a la noche te agarre una patota. Pero es argentino…y yo también.
Historias de Nueva York (segunda parte) Julio 28, 2007
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Estoy en Bryant Park, un oasis de 100 por 100 entre la 5ta Avenida y la 42, a metros del centro del mundo.Times Square. Son las 7 de la tarde, el camino está rodeado por árboles frondosos y arropado por edificios de oficinas. Más arriba, el imponente Empire State observa como circulan miles de personas encerradas en su propia historia.
La plaza pública tiene wi-fi gratis y biblioteca al aire libre. Allí, bajo las sombrillas y sentados en simples sillas de madera el tiempo parece detenerse. A mi lado una china habla sola una mezcla de inglés con mandarín, gritando y escupiendo casi al mismo tiempo, mientras apoya sus pies sobre una valija con rueditas, tiene celular y i-pod, a simple vista parece estar loca; mas allá una pareja jóven de hindúes se besa y en cada interrupción ella aprovecha para escarbarle con los dedos las orejas retándolo, imagino, porque están sucias.
Un poco más lejos, grupos de dominicanos, cubanos exiliados y algunos gringos, fuman y juegan al ajedrez por tiempo. Otros, en su mayoría negros con sus cascos de obrero, juegan a las bochas y se pelean.
En el centro del parque, donde el césped está cortado a ras, algunos toman los últimos rayos del sol que se escapa, otros con trajes caros, beben iced coffee y chatean con sus laptops. Frente a mi Matías, mi amigo, permanece con los ojos cerrados y la boca semi abierta casi dormitando. Claro, el hace un año vive aquí, se siente un newyorker y esto que me pasa a él ya no lo sorprende.
Historias de Nueva York (primera parte) Julio 27, 2007
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La globalización trajo igualdad entre las distintas culturas, uno puede estar o no de acuerdo, pero sin dudas fue un paso adelante para aquellos que trabajamos con la información y podemos saber al instante lo que sucede en otros lugares. El deporte se enriqueció, la música fue adapatando ritmos diferentes al de sus raíces y los seres humanos comenzamos a vestirnos casi todos iguales, por no decir en su totalidad.
Quizás sea el tiempo que llevo alejado de mi mujer, pero estoy sorprendido por la occidentalización asiática, y cuando digo esto quiero aclarar en buen porteño:”que fuertes se pusieron las ponjas!”, uno las ve arregladas caminado por Manhattan, con sus vestidos “sex and the city”, sus fragancias importadas, su tamaño imponente (antes no veías a ninguna que mida más de 1.40), su andar recto, seguro, sus senos impactantes, tomando la pole position en cada paso, sus jeans apretados para decir no te quedes con mi llegada, también date vuelta.
Pero lo que no puedo creer es como se fueron agrandando sus ojos, ahora lo lograron. Antes uno veía las series japonesas de Meteoro, Astroboy o Pokemon y notaba que los personajes nacidos en Tokio, o en Kyoto no tenían sus rasgos naturales, por el contrario, eran globos oculares de tamaño XL. Allí nos dábamos cuenta de lo importante que era parecerse a los del “otro lado”.
Las mujeres lo han conseguido!, son iguales o, mejor dicho, mas lindas que las occidentales. Ahora el tema será distinguir su nacionalidad. Las japonesas están a la vanguardia, las chinas parecen demasiado sumisas, filipinas y tailandesas son muy delgadas para mi gusto. En fin, las callecitas de Manhattan tienen ese queseyo, viste?
