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La jugada (cuento) Octubre 24, 2007

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     No hay nada mas traumático que una mudanza. Cambio de barrio, de amigos, de escuela. Aromas diferentes, calles desconocidas, vecinos que miran a la distancia y otros que se acercan para chusmear. Si a eso le sumamos la visión de un niño de diez años, casi estamos enviándolo al patíbulo.

Cuando aparecí el primer dia de clases en 5ºA supe que iba a ser difícil pertenecer a un grupo. Las diferencias estaban bien marcadas. Los “quilomberos” en los últimos asientos, los “tragas” en las primeras filas, y en el medio chicas e insulsos. No tenía muchas chances de elección, además llegaba a la capital desde el conurbano, lo cual era un peso extra. Sentí el murmullo cuando llegué a la puerta y vergüenza cuando la maestra me presentó con nombre, apellido y en voz alta.

Hay dos formas de ser alguien importante a esa edad: jugar bien al futbol o tener fama de peleador. En realidad hay una tercera: tener arrastre con las mujeres, pero en mi caso recién les empecé a dar importancia dos años después.

Los primeros meses pasaron sin sobresaltos, sentado en la cuarta fila de ocho que existían, hablaba con la mayoría aunque no había entablado relación más que con Damián Peralta, mi compañero de banco.

Siempre esperaba la hora de gimnasia, la escuela tenía dos canchas de baldosas y el profesor  había prometido que iba a organizar un campeonato entre los dos quintos del turno mañana. En mi grado éramos veinte y en el “B” otros tantos, se armaron cuatro equipos de cinco jugadores, primero íbamos a jugar entre nosotros y el ganador disputaría la final.

Cuando llegó la elección todos querían jugar con Quique Laserre. Decían que era un crack, yo no lo había visto jugar todavía, era de los “vivos”, cabeza de grupo, fanfarrón y con guita. Desde ese dia le tomé bronca. Yo jugaba bien, bah, en mi barrio, allá en Morón, de donde había venido, siempre hice goles y era de los que elegían primero cuando se “pisaba” para armar los equipos.

El profesor nos juntó en fila y fue separándonos con nombre de paises que estaban clasificados para el mundial de España que arrancaba en unos dias. Trató de hacerlo parejo. Preguntó quienes atajaban y los puso primero, dos habían levantado la mano y a los otros imagino que los nombró porque  los conocía del año anterior y sabía que eran “troncos”. Luego pidió ocho defensores repitiendo el mismo procedimiento con aquellos que no habían solicitado el puesto. Los que quedamos fuimos examinados como si tuviéramos que ir a la NASA. A Quique Laserre lo puso en el más débil y hubo una ovación, a mi me nombró último. El desgano de mis compañeros lo sentí cuando me paré y fui a formar parte de esa fila india. Un largo uuuhhh me acompañó en esos escasos siete metros. Permanecí callado, sabía que lo mio iba a estar en la cancha, pero dudaba del equipo, si eran buenos, si me la iban a pasar, si eran morfones, si bajaban a defender. El gordo Savelón, el arquero, me miró y me dijo amenazante que me convenía hacer goles, porque siempre los nuevos debían pagar el derecho de piso jugando atrás. Lo miré y solo me salió una palabra:”pásenmela”.

 El equipo se trasladó al aula, ahora ya no estaba tan solo, mis compañeros me incluían en sus charlas de recreo y comencé a enterarme de secretos de los demás. No sé el motivo, pero Quique Laserre me miraba con asco como si pensara que yo era el enemigo, el que lo quería destronar, el que le iba a quitar a sus amigos. Y tan errado no estaba. 

Llegó el primer partido, nosotros eramos Camerún y jugábamos contra Francia. Eran partidos de veinte minutos sin descanso y a los diez se cambiaba de arco y se podía tomar agua. El primer tiempo fue parejo y sin goles, pero luego comencé a entenderme con Prieto, un morochito que no era muy hábil pero las corría todas, en una de esas escapadas levantó la cabeza, metió un centro al segundo palo y yo esperé que le sobrara al arquero para empujarla con la frente. Lo grité con fuerza y me abracé con los demás. Casi de reojo miré al costado para ver al resto de mis compañeros que se dividían entre Italia y Alemania para ver su reacción, pero estaban mas metidos en lo suyo que en nuestro partido.

Nos metimos un poco atrás, aunque táctica a esa edad no se aprende, empezamos a jugar de contra, y otra vez Prieto robó una pelota, me quedó picando a unos tres metros del área, le gané al defensor que estaba adelantado, y le dí derecha sin mirar al arco, busqué potencia y no ubicación, pero entró arriba, casi en el ángulo. Allí sentí que los de afuera estaban más atentos. Volví corriendo hasta la mitad de la cancha y escuché a nuestros rivales como se recriminaban. El profesor dijo que faltaban tres minutos.

Y en el final llegó lo mejor. Córner para ellos, estaban todos adelante, nuestro arquero me gritó que me quedara afuera del área. La pelota vino llovida, el gordo Savelón le pegó un  puñetazo y me vino a mi, la acomodé con el muslo y arranqué en mi propio campo, tenía adelante unos 25 metros y Glasserman, que atajaba para ellos, en lugar de adelantarse se fue metiendo para atrás, tenía mil maneras de definir, por arriba, esquivándolo, tocando a un costado, pero a medida que me acercaba pensé que lo mejor era amagarle, y cerca del punto del penal lo hice, el otro, con poca maña de arquero, se cubrió la cara, y yo toqué despacio cerca del palo. 3 a 0. Final y ovación. Desde ese dia las cosas iban a cambiar, solo debía  esperar una semana para el segundo partido, pero las clases ya tenían otro sabor.

Los “italianos”, con Laserre a la cabeza, ni siquiera cruzaron palabra con nosotros durante todos esos días. Había tanta pica, que ellos le dieron más lugar a las chicas (en esa época no estaba bien visto) que a los demás varones. Por supuesto que aquellos que habían perdido se dividían en el apoyo para lo que sería una final anticipada. Los del otro grado eran “de madera”, por lo tanto el que ganaba ese partido era campeón del grado y casi seguro del turno mañana.

Llegó el miércoles. Me levanté apurado y tomé la leche de un trago. Mamá se dio cuenta de todo porque cuando bajaba a tomar el micro escolar me dio un beso y me deseó suerte. Al llegar a la escuela todos hablaban del partido, o al menos eso me pareció. La hora de matemáticas pasó más lenta que de costumbre y el recreo sirvió para darnos ánimo. Era vida o muerte, así estaba planteado. Y así fue.

El profesor hizo jugar el partido por el tercer puesto que nosotros ni siquiera miramos. Es más, no me acuerdo como salieron. Hasta que saltamos a la cancha. No oía a nadie, no escuchaba ruidos, solo miraba a quique y él también a mi. Las rodillas no dejaban de moverse. Hasta que sonó el silbato. Sacaron ellos y fueron un vendaval. Tenían la pelota, la pasaban, gambeteaban, le pegaban de lejos. El gordo se revolcaba por todos lados, los pitucones del pantalón azul de gimnasia se le gastaban en cada atajada y el palo derecho nos salvó dos veces. Mi equipo era un desastre y yo no la había tocado. 0 a 0 y cambio de lado.

Me acerqué a Prieto, mi compañero de ataque y lo palmée en la espalda:¡vamos!, le dije, y él asintió mudo con la cabeza. Laserre sonreía hasta que lanzó la estocada con un grito:¡ dale ahora que están cagados!. Me dolió como un cachetazo. Mejor dicho nos dolió a todos y sirvió para reaccionar. Tomamos la pelota y ellos ya no dominaron tanto. Tuve una chance entrando por la izquierda pero salió desviada. Había tensión. Algunos gritos y más de una puteada, que el profesor se encargó de castigar. Pero como en las películas, los buenos siempre ganan y yo me iba a vestir de héroe.

Córner para ellos. Todos en el área salvo él y yo. Cabecea uno nuestro rechazando, la pelota nos sobra pero me gana en velocidad de frente a su arco, mitad de cancha, pelota picando, él de espaldas, y yo meto un pique, me pongo a la par y con el hombro lo empujo, él flojo se desparrama, grita pidiendo foul y el profe que dice que es cuerpo, y yo arranco, levanto la vista y lo veo a Castillo, el arquero contrario que me sale, la tiro larga a un costado para el perfil derecho, le gano y vuelvo a dominarla, miro el arco vacío y siento el jadeo detrás mio, imagino una patada artera de atrás, enceguecida, pero engancho hacia adentro y lo veo pasar con las piernas hacia delante como en un imaginario pase de torero. Toco suave con tres dedos a dos metros del arco. Gol y consagración.

Salí gritando a buscar a mis compañeros que saltaban y levantaban los brazos. Miré a mi costado y lo ví tirado a un costado del arco, el buzo lleno de roña y la cara roja de transpiración y odio. El llanto embarraba su cara también cubierta de polvo. Sonreí.

Ese dia fue el comienzo del fin de la era Laserre. Por supuesto que no quedó ahí, tuvo otros capítulos. Agarrada a trompadas en la esquina. Gritos de la madre en dirección pidiendo que me cambien de grado. Malas notas. Cosas comunes cuando el liderazgo cambia de mando.

Fuímos compañeros hasta séptimo y nunca nos hablamos. Como si fuera poco, el día de la primavera de 1984, la última de la primaria, le dí un beso a Paula, la chica que a él siempre le gustó y que nunca le dió bola. Pero esa es otra historia.          

  

           

 

Mi primer I pod Octubre 21, 2007

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Cuando visitè New York a mediados de año, mi amigo Matìas (autor del blog entretanto) me marcò una diferencia abismal entre la tecnologìa Apple y las demàs. Por supuesto despuès de visitar el centro que la empresa tiene frente al Central Park me dì cuenta que tenìa razòn.
Como fanàtico de la mùsica siempre tratè de estar a la vanguardia de los adelantos que surgìan. Tuve walkman, dicsman, mp3, pero soñaba con tener mi propio Ipod. Es cierto que mi esposa Paula hizo un gran esfuerzo y el dia de mi cumpleaños (3 de marzo) me regalò un reproductor Creative de 8 gigas. Creìa que eso era tocar el cielo, pero la pantalla lìquida se apagò y todavìa estoy buscando un lugar para arreglarla.
En Panamà, haciendo escala tras salir de Venezuela, comencè a recorrer ese aeropuerto-shopping en busca de alguna baratija. Habìa perfumes, ropa, juguetes, joyerìa y por supuesto locales de electrònicos. Y allì lo vì, con su caja mediana, de color negro, como llamàndome. Un original de Apple de 80 gb, si, lo que deseaba era bajar mùsica y no tener que cargar y descargar constantemente. Gran parte de mi discoteca viajarìa conmigo a todos lados. Solo debìa preguntar el precio.
Cuando el mulato panameño me dijo:”Son 300 dòlares, el precio màs barato que puedas encontrar”, no dudè un segundo, saquè mi tarjeta de crèdito y lo comprè.
Ahora lo estoy completando minuciosamente y solo llevo ocupado 7 gb. Ya verè como pago la tarjeta, recièn vence el 15 de noviembre.
Todavìa tengo tiempo.

Calor, dólares y gasolina barata Octubre 19, 2007

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Maracaibo

El recuerdo que tenía de esta ciudad venezolana era el de una temperatura sofocante y el de los constantes cambios climáticos que uno debía soportar cada vez que salía a la calle. Dentro del hotel el aire acondicionado a 22 grados, afuera 35º húmedo y soleado, al subir a un auto volvía a caer a menos de 18º. Todo propicio para perder la voz o sufrir una gripe.

Regresé tras siete años y por el mismo motivo, la cobertura periodística del partido entre Argentina y Venezuela por las eliminatorias. El calor era el mismo, pero la ciudad había cambiado. El tranvía ahora es un medio de locomoción importante entre tanto auto importado, sobre todo los viejos gigantes americanos. Esos Lincoln negros que consumen nafta que da miedo, o los Chevrolet de frente cuadrado que gastan como mujer divorciada. Pero eso poco importa en la tierra del petróleo. Un litro de gasolina cuesta 100 bolívares (el cambio oficial marca un dólar = 2100) o sea que para llenar un tanque se necesitan menos de u$s 2, si leyeron bien, lo que en nuestro país valen 4 litros.

El poder de Hugo Chávez se basa justamente en los pozos petroleros, el barril se cotiza cerca de los 90 dólares, y si tenemos en cuenta lo que produce diariamente Venezuela, se podría decir que la economía de este país gana a diario 250 millones de la moneda americana. Hagan la cuenta del poderío económico si se calcula este número por 365 días.

Otra de las curiosidades que uno encuentra en este lugar las vive apenas pisa La Repùblica Bolivariana. Los maleteros del aropuerto”La Chinita” (Virgen del lugar) comienzan a ofrecerte cambio. Claro, hay un mercado negro que te ofrece entre 4000 y 4500 bolívares por dólar (cuanto mas se cambia mejor se cotiza) el doble de lo que uno puede conseguir en un banco, aunque esto todavía es más complicado. Los venezolanos solo pueden acceder a comprar “verdes” anotándose en una página de internet del gobierno, que luego de estudiar la situación puede aceptar o no el pedido, si lo hace, un ciudadano no puede adquirir más de u$s 600.

No es fácil decir a viva voz que uno está en contra del règimen (en el poder desde 1998), aunque tampoco los chavistas se hacen demasiado cargo. Salvo los empleados de la petrolera PDVSA, que son obligados a vestir uniformes rojos. El color impuesto por el Presidente.

La excusa de esta visita fue ver un encuentro, que como preveíamos, iba a resultar un trámite para el equipo argentino a pesar de la gran mejoría que han presentado los futbolistas de “la vinotinto”. Fue 2 a 0,  pero pudo ser goleada.  

Sensaciones encontradas Octubre 16, 2007

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El sàbado por la tarde comenzaron las eliminatorias para el Mundial de futbol Sudàfrica 2010 y el debut de la Selecciòn Argentina fue ante Chile, hasta allì nada extraño si se tiene en cuenta que desde hace 8 años se sigue el mismo fixture para la competencia continental. El condimento fue la presencia de Marcelo Bielsa como DT de “la roja”, el mismo hombre que dividiò la opiniòn futbolera en su perìodo como entrenador del equipo nacional (1998-2004).

Para mi fue extraño encontrarlo en el vestuario de los visitantes de la cancha de River Plate, despuès de haber seguido su trabajo durante tantos años, recorrer el mundo, conversar con èl y sus allegados, pelearme con muchos colegas y hasta con mi padre por defender su idea futbolìstica. En mi carrera profesional hubo un antes y un despuès de Bielsa. Sin dudas, cuando me designaron como cronista de la Selecciòn Argentina, tenìa temores lògicos, me daban una responsabilidad enorme que podìa ser el trampolìn o el abismo. Por suerte entendì el mensaje, intentè el diàlogo y la informaciòn veraz antes que el amarillismo. Fui respetuoso, tuve còdigos, y creo que eso le diò confianza a su equipo de trabajo, y a èl mismo.

Aprendì mucho de futbol viendo sus entrenamientos, me enamorò su idea de juego, vì su obsesiòn por el trabajo y por no dejar nada librado al azar, notè su compromiso, sentì que su palabra valìa màs que cualquier contrato. Lo defendì, y aùn lo hago, a pesar de las crìticas despiadadas y de haber obtenido el peor resultado en un Mundial de Futbol.

Por eso, por lo que crecì cerca suyo, sigo admirando al tècnico que pudo haber cambiado la historia, pero no lo logrò. El hombre que se interpuso en la lucha ideològica entre Menotti y Bilardo. La mezcla justa entre jugadores talentosos y sacrificados.

Lo notè màs viejo y menos gritòn, quizàs por respeto a la gente que colmò el Estadio Monumental. Pero siempre sabio, siempre diciendo su verdad. Aunque el equipo fue una mueca de lo que pretende, estoy seguro que cumplirà su objetivo de llevar a los chilenos al mundial despuès de doce años. Si lo dejan trabajar tranquilo, si los jugadores le creen, los resultados vendràn solos. Solo espero que no le falte energìa.     

Lo que estoy escuchando (cuatro) Octubre 13, 2007

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Matchbox Twenty: “Exile on Mainstream”

Después de varios años vuelven con 6 temas nuevos y el resto de éxitos anteriores. Típica banda de rock americano con un vocalista excepcional, Rob Thomas (aquel de “smooth” con Santana). El probó un fallido disco solista y ahora reaparecen con buenas melodías. Apto para primavera en Bs.As.

Collective Soul: “Afterwords”

Otro grupo que conocí hace más de 10 años via MTV (cuando la señal valía la pena). Otros que vuelven con algunos cambios de nombres, pero con la misma fuerza de los primeros trabajos. Recomendado para estar con el ánimo en alto.

Velvet Revolver:”Libertad”

La verdad le tenía idea a este cd. El primer trabajo no me gustó, mas allá de la unión de grandes músicos y de Scott Weiland (la gran voz de Stone Temple Pilots). Pero debo confesar que me arrepentí, es muy bueno. Fuerza en los riffs y dulzura en las baladas duras. Lejos de Guns N’ Roses, más cerca del grunge de STP. Tardé en escucharlo, pero ya lo tengo en mi batea personal.

Pobre flaco Octubre 11, 2007

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Hace menos de una semana, mientras chequeaba los comentarios del blog, encontré uno con la firma “Nacho” ( lo pueden ver en entradas) , al abrirlo descubrí que era un viejo amigo que volvía a escribirme después de varios años. Lo leí, y sinceramente me dí cuenta que la distancia marcó nuestro alejamiento.
La historia comienza en la adolescencia cuando compartí con él muchas situaciones. Salidas, futbol, noche de bares, historias mínimas, lágrimas, abrazos, carcajadas. Es decir, todo lo que se puede compartir con amigos, pero uno de esos a los que se quiere en serio. Desde esa edad él se destacaba por ser un artista virtuoso. Dibujaba como los dioses, escribía historietas, tocaba la guitarra. Todo lo hacía bien y sin aprender con nadie, fue un autodidacta, y por eso lo admiraba. De hecho, conformamos un dúo que denominamos “Pobres Flacos”. El musicalizaba con la viola, yo escribía las canciones. Al gustarnos las mismas bandas, la coincidencia era total. Hasta nos animamos a grabar un cassette (la computadora todavía era inalcanzable).
Pero Nacho tenía un gran problema (además de su áspera relación familiar y de un trabajo inconstante), sufría con cada desengaño amoroso. Necesitaba enamorarse y en su afán por estar en pareja, ahogaba la relación desde el comienzo. Quizás por eso fracasó varias veces.
Sería mediados de 2003 cuando me contó que había conocido una chica por internet, chateando, una argentina que vivía en Sevilla y que veía a través de su cámara. No voy a describir mucho esta situación, lo cierto es que un buen día, hastiado de su vida de “loser”, así la consideraba, decidió partir a España. Y desde ese momento no supe más de él. Le escribí varias veces y jamás contestó. Supe que el año pasado volvió con su novia a Buenos Aires y quiso que lo festejemos con un asado. Por supuesto me negué a tal invitación que recibí de parte de su primo.
Su primera comunicación formal la recibí hace días y me dió lástima. Solo mantengo con él muy buenos recuerdos, y prefiero que sea así.
¿Para qué ensuciar lo que nos alegró durante tantos años?

* ESTO ES UNA HISTORIA REAL

Domingo Octubre 8, 2007

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                                         domingo
Desde hace diez años mis domingos son diferentes a los de la gente común. No descanso, no como asados con mi familia, falto a cumpleaños, no salgo a almorzar a ningún restaurante, ni siquiera me quedo tirado en la cama. Voy a trabajar, hasta ahí nada raro hay muchos que lo hacen ese día. Pero yo voy al futbol, a la cancha, y no como hincha.

Trabajar como periodista deportivo me llevó a todos los estadios de Capital, Gran Buenos Aires y el interior del país. He vivido partidos olvidables, mal jugados, con poco público, bajo la lluvia. Presencié grandes goleadas, con tribunas repletas, campos de juego cuidados, bajo un calor insoportable. Estuve cuando el principal protagonista era el descenso o el campeonato. Ví Gimnasia – Estudiantes, San Lorenzo- Huracán, Central – Newell’s (impresionante!!), Banfield – Lanús, Racing – Independiente, pero nada se compara con el clásico nacional entre Boca y River.

Este domingo volví a vivirlo desde el campo de juego, muy cerca de Passarella. No sé en cuantos he estado, si no me equivoco el primero fue un miércoles a la noche de 1999 en cancha de Boca por la Copa Libertadores. Pero este fue distinto, porque tuve sensaciones que luego se vieron en el juego mismo.

Cuando ví salir a River, noté un ánimo diferente en los jugadores. Ferrari, el capitán, miraba a la hinchada y gritaba, Ponzio se quedó unos segundos observando la misma postal, Belluschi alentaba y daba órdenes. Desde ya los suplentes se quedaron azorados y comentaban el colorido que habían desplegado los simpatizantes. Papelitos, cintas, banderas y grandes tiras de plástico blancas y rojas de cincuenta metros que iban desde la segunda bandeja hasta el propio campo y ocupaba a lo ancho las plateas y la popular.

Esos gritos de guerra en el momento de ingresar se vieron reflejados durante los 90 minutos. Buen juego, actitud, solidaridad, concentración y huevos. Esa fue la diferencia entre uno y otro. River tenía ganas de comerse al rival, Boca parecía sobrar la situación. No fue una goleada histórica solo de casualidad. Me sorprendió. Jamás hubiera imaginado tal diferencia entre ambos equipos. Más que nunca recordé esa frase futbolera que describe este clásico:”No importa quien venga mejor, es un partido aparte”.

Los “millonarios” se fueron felices después de tantas amarguras, los “bosteros” salieron enojados y preocupados por el futuro del campeonato. Yo también terminé cansado, transpirado, y con ese cosquilleo nervioso que solo siento en grandes citas. Sé que será una sensación que le transmitiré a mis hijos, espero que alguna vez lo vivan de la misma manera.

La deuda (cuento) Octubre 4, 2007

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     Rubén siempre quiso tener dinero. Era ambicioso, trepador. Desde pequeño soñaba a lo grande. Autos importados, mujeres hermosas. Siempre hablaba de viajar al Caribe, a Europa, pasear en cruceros, caminar sobre arenas blancas.

En la adolescencia intentaba sacar ventajas hasta en lo mas mínimo, desde quedarse con un vuelto hasta armar estafas con tarjetas de créditos falsas. Así consiguió comprar su primer auto, un Mercedes modelo 78. Se juntó con políticos de bajo status en las reuniones del partido justicialista que buscaba candidato a intendente de Morón. Comenzó haciendo algunos trabajos sucios y cayó preso un par de veces por robo de documentación.

A pesar de eso lo seguíamos viendo por el barrio, chamuyando, exagerando su posición económica y prometiendo futuras inversiones que le iban a dejar varios miles. Sería principios de otoño cuando dejó de frecuentarnos, y a decir verdad, tampoco lo extrañamos.

Casi a fin de año nos juntamos a festejar en la pizzería de Manolo, y después de cenar y amagar varias veces con el último brindis lo vimos llegar. Andaba arriba de un convertible japonés cero kilómetro vestido de impecable traje azul. Entró y saludó a cada uno de nosotros como si el tiempo no hubiera transcurrido. Se sentó en la cabecera que siempre permanecía libre. Su aroma a Kenzo contrastaba con el perfume aceitoso del lugar.

Nos contó que había entrado en el negocio de las importaciones, que viajaba por el mundo, que se había volteado a mas de una de las modelos que aparecen por televisión y que eran el sueño de cualquier mortal, nos detalló cada polvo como si lo estuviéramos viviendo. Por un momento lo envidiamos.

Para festejar sacó la billetera, la platinum de American Express brillaba, pidió varias botellas del champagne mas caro, olvidando que allí solo se vendía cerveza, vino berreta y con suerte sidra. Pero se hizo cargo de la cuenta.

Antes de despedirse me pidió que lo acompañara al auto. Me rodeó con su brazo, el reloj y el collar de oro sobresalían de su camisa y me regaló un saco y tres corbatas.”Sé que las necesitás para tu trabajo”, dijo. Me abrazó fuerte durante varios segundos y partió. Siempre le había caído simpático, lo había comentado, pero jamás tuvo un gesto así conmigo

Era un domingo frío de marzo cuando golpearon la puerta de mi casa. Uno de mis amigos estaba afuera, desencajado. Volvió a golpear. Me apuré en abrirle. Sin saludarme entró, traía el diario en la mano, lo abrió por la mitad y lo dejó arriba de la mesa. Al ver el título mi alma se derrumbó. La foto de Rubén ocupaba gran parte de la página y el título de la nota todo el ancho:”MUERE NARCOTRAFICANTE EN AJUSTE DE CUENTAS”.

Todos sabíamos, en nuestro interior, que ese era el precio que debía pagar por querer pertenecer a un mundo distinto, por intentar tener poder cuando uno es medio pelo. Todos sabíamos como se pagan las deudas…todos…menos él.    

Despedida de soltero Octubre 1, 2007

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El tiempo pasa, eso es inexorable; pero además nos cambia mucho, y eso te hace reflexionar. El sábado pasado decidimos juntarnos con mis amigos en “La Tarzán”, el bar que nos acogió durante toda nuestra adolescencia, para festejar el casamiento de Beto que se realizará (con fiesta incluída) el 6 de octubre. Es decir, volvíamos a vivir una despedida de soltero después de varios años.

Hay que ser claros en algo, de nuestro grupo solo 4 estamos casados con libreta, otros están en concubinato (por lo tanto no hubo casorio, ni ceremonias, ni joda)  y el protagonista tiene 35 años, igual que la mayoría, por lo tanto el ritmo disminuye. Solo queda un soltero: Julián, y estaba esquiando en Chile.

De aquel bar repleto de borrachos, trabajadores con bolsillos flacos y pendejos que pedían fiado el último trago, solo queda la fachada y algún taxista ebrio. Todo lo demás se modernizó. Ya no hay mesas rengas, ni paredes sucias, ni baños impenetrables aromatizados con viejos orínes. Se hizo botox. Parece una cantina, y hasta alguno se animaría a pedir comida, cosa que quince años atrás era condenarse a la muerte, o por lo menos a una fuerte indigestión.

La entrada de Beto fue muy diferente a la mía ocho años atrás. Mientras yo ingresé casi desnudo, completamente depilado y repleto de harina mezclada con huevo en mi cabeza, él ingresó muy bien vestido y recién bañado. Por supuesto que la gasolina que tomamos antaño era muy diferente al vino tinto Norton que degustamos el sábado. Y el asado con achuras no se puede comparar a las aceitosas porciones de muzzarella que comimos en noviembre de 1999.

Los temas de conversación también variaron, salvo por el futbol, que sigue siendo recurrente. Las mujeres que había que levantarse, ahora eran esposas; el estudio se convirtió en trabajo y en preocupación para seguir creciendo y ganar más dinero. Desde ya la crianza de los hijos fue algo hablado y en el pasado hubiera sido utópico discutirlo.

Pero lo que más me impactó fue lo que sucedió luego. Decidimos vestirlo con un slip de cuero y dos tiradores del mismo material. Se cambió en el baño (que ahora es mejor que el de cualquiera de nuestras casas) y salió a caminar por  Castelar. Claro, eran las 23 horas, la gente todavía no estaba en las calles, salvo alguna familia que había aprovechado la noche para tomar un helado  y las veredas estaban desiertas. Estábamos a contramano de todos. Porque mientras nosotros comenzábamos a bostezar, los jóvenes aún no habían salido.

Una hora después mis ojos se cerraban, el sueño intentaba ganarme la batalla (cosa que logró a las 2 a.m) y me despedía de la barra de amigos que se iba hacia la capital. Es cierto que los domingos trabajo (ser peridista deportivo tiene sus contras) pero mientras caminaba hacia mi casa algo mareado me pregunté donde había quedado ese muchacho que trasnochaba cada fin de semana y me contesté:”aquí mismo, salvo que ahora tengo otras prioridades”.

Al llegar, besé a mi mujer y a mis dos hijos que estaban durmiendo y me acosté. Una noche con amigos en el viejo bar no se vive todos los días.

Aunque los años pasen.

No creas todo lo que dicen Octubre 1, 2007

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Después de muchas consultas en los comentarios sobre los argumentos de mis cuentos publicados, debo aclarar que ninguno me ha sucedido personalmente. Todos son creaciones mías aunque algunos le ocurrieron a gente conocida y yo me basé en aquellos hechos para crear una historia. Por supuesto que parecen reales, porque mi idea es que se asemejen a lo que podemos vivir cualquiera de nosotros.
Quiero decirles que la gran mayoría los he escrito hace mucho tiempo, más de 10 años en algunos casos, y he hecho correcciones nada más. Aseguro que son originales y que nunca antes fueron publicados. Eran bosquejos que formaban parte de un libro:”Bares, Andénes y Calles Vacías” que nunca publiqué (quizás lo haga algún dia) y que todavía poseo escrito a máquina.
De todas maneras sigo escribiendo aunque todavía no bajé ninguno al blog, prometo que lo haré en poco tiempo. Además quiero ir describiendo mis viajes, anécdotas vividas, lugares que conocí. En este momento prefiero que conozcan mis relatos antiguos y mi nuevo diario de viajes.
Gracias por leer este espacio y realizar comentarios. Espero tener tiempo para publicar dia por medio, aunque tengo horarios complicados, si me comprometo a escribir dos veces por semana.
EL PISTOLERO ESTA DE VUELTA